La Alameda de Apodaca

El espacio ajardinado de la Alameda de Apodaca, ese balcón que se asoma al mar como la ha descrito algún que otro escritor, se encuentra muy deteriorada: bordillos rotos, jardines aterrados y faltos de vegetación, la solería se encuentra en muchas zonas destrozadas faltando sus losas de mármol o de chinos lavados, los bancos están pidiendo un pintado, sus azulejos de influjo del estilo regionalista de cuando se construyó también faltan, por todas partes abundan los grafitis y el conjunto tiene un aspecto de suciedad y abandono. A pesar de esta descripción tan catastrofista su reparación no tiene que ser costosa porque los desperfectos no son muy extensos pero merece la pena recuperar esta zona ajardinada situada en un enclave único y como veremos de ilustre nombre.

Se le da ese nombre de Alameda de Apodaca al recinto convertido en paseo ajardinado entre Fermín Salvochea y Ustariz. Anteriormente se le conocía simplemente como Alameda pero en 1856 se le añadió el de Apodaca en recuerdo del virrey de Nueva España, Capitán General y Director de la Armada Juan Ruíz de Apodaca, conde de Venadito y vizconde de Apodaca. El paseo ha sufrido varias transformaciones, primitivamente se le conocía como Caletilla de Rota y a la que se accedía bajando por los escarpes donde después se situaron los baños del Carmen. El origen de este rincón se encuentra en la decisión del Ayuntamiento de establecer una estatua de Hércules y una fuente en la plaza de la Corredera y para surtirla se abrieron dos pozos que para protegerlos se les amuralló. La primitiva Alameda tenía una mayor anchura pero se construyeron una serie de edificios que crearon las calles de Fermín Salvochea y Calderón de la Barca. Ante el estrechamiento en 1750, el Teniente General D. Juan de Villalba prohibió la construcción de más edificios.

Al final de la Alameda, frente al Carmen se instaló la fuente y la estatua de Hércules que estaba en la plaza de la Corredera. Con la reina Gobernadora Dª María Cristina pasó a llamarse Salón Alto y Salón Bajo. En 1926 el arquitecto  Juan Talavera lo reformó según el cánon regionalista colocando  fuentes, cerámicas, ladrillos y forja en respaldos y farolas. El paseo está formado por calles empedradas de losas, que se disponen variadamente para formar dibujos geométricos, tal como se puede contemplar en la Alameda de Málaga y la de Hércules de Sevilla. La Alameda actual se extiende entre las murallas de San Carlos y termina frente a la Iglesia del Carmen, en el baluarte de la Candelaria.

Juan Ruíz de Apodaca nació en Cádiz en el seno de una familia de mercaderes adinerados, Tomás Ruiz de Apodaca y Eusebia de Eliza y Lasquetti, en 1754. Durante la guerra de la independencia fue enviado a Londres, después de una dilatada carrera de marino, en misión diplomática para entablar negociaciones a fin de buscar una alianza con los ingleses para enfrentarse al invasor francés y que se tradujo en el Tratado de Londres de 1809. En febrero de 1812 se le nombró Capitán General y Gobernador de La Habana y en septiembre de 1816 se le nombra para un nuevo cometido como Virrey de Nueva España en un turbulento momento histórico por los movimientos de independencia que se extendían por esos territorios.

El nuevo virrey ofreció el indulto a los insurrectos. Su estrategia política, mezcla de comprensión y a clemencia, produjo muy buenos resultados. Millares de insurgentes aceptaron el perdón y los territorios quedaron pacificados después de triunfar sobre el núcleo rebelde de la zona enclavada en Venadito. Por esta victoria y por haber sometido a los independentistas fue nombrado conde de Venadito. El triunfo de la revolución de Riego en España cambió su nombramiento de Virrey por el Jefe Superior político de Nueva España y se le conminó a proclamar la Constitución de Cádiz en México contra su parecer. Iturbide militar realista se rebeló contra la misma y proclamó la independencia. Apodaca fue depuesto como Jefe Político Superior por los mandos de la Península y fue nombrado en su lugar el mariscal Francisco Novella. Apodaca abandona México y se establece en Madrid donde se le nombró consejero de Estado, Capitán General y director de la Armada. Fallece en Madrid en 1835. El Gobierno dispuso que hubiera siempre un buque en la Armada que se denominara “Conde de Venadito”. En 1862 los restos del ilustre patricio reposaron el Panteón de Marinos Ilustres.

 

Por Ubaldo Cuadrado Martínez

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