Remodelación de la plaza de San Juan de Dios

Por Miguel García Díaz,

miembro de Cádiz Ilustrada

La Voz de Cádiz, 13.05.2011

El pasado 17 de enero dieron comienzo las obras de remodelación de la plaza de San Juan de Dios y se espera que estén terminadas para el mes de septiembre. Era algo muy necesario y a la vez esperado, pues la imagen que se ofrece al visitante que llega a nuestra ciudad por mar no es todo lo buena que debería ser, al igual que si llega por carretera y debe atravesar las impresentables murallas del Fuerte de la Cortadura.

Yo me imagino la impresión del crucerista que desembarca en el muelle y se le convence de que se quede en Cádiz a visitar la ciudad y no se vaya a Jerez o a Sevilla. Nada más llegar a San Juan de Dios se tropieza con un deplorable panorama. Personas de aspecto indecoroso y sucias ocupan los bancos de la plaza adivinándose que, para alguna, la misma es su Centro de Día e incluso su albergue de noche. En la esquina de la calle Nueva con la plaza, un inmueble cerrado hace mucho tiempo causa una muy mala impresión, el del café “Novelty”. Si se anda por las aceras, va uno caminando por un suelo con desniveles, boquetes, abultamientos producidos por las raíces de los árboles, parches de cemento echados muy poco cuidadosamente para tapar agujeros etc.. Y es que parece que nunca se han preocupado por hacer una restauración en condiciones del enlosado de chinas original del pavimento, aunque es de agradecer que hasta ahora lo hayan respetado.

Y cuando parece que todo esto va a ser subsanado realizando tan ansiada obra, resulta que hacen un proyecto en el que desaparece el pavimento de las aceras con su original y gaditanísima decoración de dibujos blancos y negros de chinas y lo sustituyen presumiblemente por las losas de granito gris que están colocando por todas partes. Ello significará una evidente pérdida de identidad y la desaparición de un elemento patrimonial de nuestra ciudad. Y eso me recuerda que se consintió que la empresa contructora que reformó el histórico inmueble que hoy acoje en sus bajos el establecimiento de comida rápida retirara los azulejos de Taxis Parrado, un elemento patrimonial significativo y emblemático.

La pavimentación de la plaza que se prentende hacer desaparecer data de los tiempos del gran alcalde de Cádiz Ramón de Carranza y fue un ejemplo de las múltiples obras públicas que se realizaron bajo su mandato para adecentar y embellecer la ciudad.

Fue el viernes dia 18 de enero de 1929 cuando en el Pleno celebrado dicho día se aprobaron las obras de reforma de las plazas de Méndez Núñez y de Isabel II, como así se llamaba en aquella época, acordándose la ejecución de las obras. (Acta nº 3 de la Sesión extraordinaria celebrada por el Excmo. Ayuntamiento). El presupuesto asignado para la pavimentación de la plaza de Isabel II, con calzada Goudalite y aceras decoradas en dibujos blancos y negros de chinas, ascendió a 190.000 pesetas, siendo el contratista la Empresa General de Construcciones.

Lamentablemente, en la Certificación de Obras consultada, que aparece firmada por el arquitecto municipal Antonio Sánchez Esteve, no se rellenó el apartado “plazo de ejecución de la obra, inicio y fin”, pero podemos estimar que la obra se inició una vez pasada la festividad del Corpus Christi del año 1929 y terminaría poco antes del Corpus del año siguiente.

Todos los gaditanos de cierta edad recordarán para siempre el pavimento de chinas con sus monedas doradas clavadas en el suelo, señuelos para chicos incautos, que no eran sino señales por las que se introducía un aparato que efectuaba mediciones del gas que circulaba por debajo del suelo. Qué gaditano de mediana edad, no tiene y conserva con todo el cariño del mundo la típica foto, en blanco y negro o color sepia, en la que aparece montado en el caballito de cartón que “cabalgaba” sobre el suelo enchinado blanco y negro, indispensable complemento de los fotógrafos que formaban parte del pintoresco cuadro de la plaza. Cuantos gaditanos no han estrenado zapatos nuevos sobre esos chinos y cuantos no han jugado a saltar de lo negro a lo negro o de lo blanco a lo blanco.

Soy consciente de la dificultad que tiene el tratar de conservar el pavimento actual, significa encarecer el coste de la obra y una mayor duración de la misma, además de la dificultad añadida de encontrar obreros cualificados para hacer la restauración, pero creo que merecerá la pena y el gaditano agradecerá sin duda el esfuerzo que se haga para ello.

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