la sociedad civil y el Monasterio de Santa María

Por Antonio Ramos Gil, miembro de Cádiz Ilustrada

Publicado en La Voz de Cádiz, 26.05.12

claustro del monasterio

Cuando estamos inmersos en una catarsis económica y, por qué no decirlo, anímica, en donde cada día nos desayunamos con noticias a cual más estresante y desalentadora, cuando ni los economistas más prestigiosos saben articular palabra para descifrar tan tamaño embrollo financiero, cuando todo son recortes y reducciones presupuestarias, cuando todo eso se nos incrusta en nuestros oídos sin pausa ni tregua, me viene a la memoria una experiencia que por su actualidad creo merece la pena (nunca mejor dicho) de revivirla.

En nuestro mundo de “redes sociales”, donde según los sociólogos mas conspicuos, entre cinco y siete grados de separación son suficientes para conectar a dos personas en cualquier parte del planeta tierra, un día me invitaron a formar parte de “otra asociación” (una mas pensé yo) se trataba de Cádiz Ilustrada, liderada por una joven estudiante de historia del Arte -Elena González- que se proponía defender el patrimonio histórico artístico gaditano. Debo confesar que soy persona que no sabe negarse a las colaboraciones con los demás y en este sentido mi respuesta fue afirmativa.

En otro grado más de acercamiento, algunos miembros de Cadiz Ilustrada pertenecemos a la Asociación de Amigos del Monasterio de Santa María de Cádiz, que tiene como fin la restauración de dicho monasterio, y cuyo origen está en la solicitud que hacen un grupo de vecinos adinerados y principales, en el año de 1527, para que se establezca una casa donde acoger a doncellas nobles. La primera orden religiosa que se establece es la de la Inmaculada Concepción, o monjas concepcionistas, que había fundado Beatriz de Silva en 1489.

Una de las primeras actividades de los socios fundadores de la Asociación, fue la de visitar el interior del monasterio, y allí fue donde nos dimos cuenta que había que hacer algo por estas religiosas, por el patrimonio histórico que el edificio representa, y por el barrio de Santa María donde se ubica. El estado era, y en parte lo sigue siendo, de degradación y abandono y fue entonces cuando nos propusimos hacer algo para que no se hundiese en la ruina total.

Anteriormente, en el año 2006 se había firmado un convenio entre la Junta de Andalucía y el Obispado para rehabilitar el monasterio a cambio de construir 27 viviendas y 12 garajes. Se convocó un concurso de ideas ganando el proyecto del arquitecto Francisco Torres ( 18.000 €), y un segundo premio para Francisco Reina Fernandez-Trujillo (12.000 €), o sea que en total la Administración Autonómica se gastó más de treinta mil euros del año 2009. ¿Y para qué sirvió todo aquello? Pues absolutamente para nada, ya que por distintas circunstancias y falta de presupuesto del Obispado, quien se había comprometido verbalmente a financiar la parte que debía aportar la comunidad religiosa, todo quedó en aguas de borrajas. Hay que recordar que la rehabilitación y la construcción de las viviendas tenía un coste de seis millones de euros.

Y durante todos estos años, las religiosas alojadas provisionalmente en el convento de la calle Feduchy, el edifico degradándose y amenazando ruina, el Ayuntamiento emitiendo requerimientos de arreglo, y todo ello, sin ver la solución al problema. Es entonces cuando la sociedad civil, la Asociación de Amigos del Monasterio, se rebela y se organiza, y arrima el hombro desinteresadamente, y no quiere dejar que se pierda un patrimonio cultural e histórico que es de todos los gaditanos, y se reúne, y busca la ayuda económica y se moviliza dando conferencias difundiendo la nueva idea. Porque el Monasterio no tiene por que ser solo la morada de unas monjas de clausura, su casa de la que tuvieron que emigrar en 2005, sino que puede ser un referente para todo el barrio ya que el plan director contempla la creación de una hospedería, salas de exposición y conferencias, o de talleres para enseñar oficios a los más jóvenes. Una enseñanza que nos depara la historia, es que en todas las épocas la sociedad puede, y debe, reaccionar ante los problemas de su tiempo, y no solo vale esperar que todo lo resuelva el papá Estado. Las asociaciones, las ONG, los ateneos, las AAVV, todos somos sociedad civil, y los que tenemos la obligación de exigir a las Administraciones Públicas que los recursos económicos se apliquen en proyectos eficaces y eficientes para toda la comunidad y no se despilfarre en gastos improductivos. A veces con muy poco, se puede hacer mucho, si se tiene empeño y cariño en lo que se realiza. En definitiva, luchar contra la desidia y el pesimismo. ¡Entre todos podemos! que decía Obama en su campaña, pues eso: Yes we can, que traducido resulta, la sociedad civil puede hacerlo.

*Enlace recomendado: www.amigosdesantamaria.wordpress.com

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Acerca de cadizilustrada

Defensa y difusión del patrimonio cultural gaditano

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