Cádiz Ilustrada opina: Identidad arquitectónica en riesgo

El hecho patrimonial de una ciudad hay que valorarlo, entre otros, desde el punto de vista ambiental o del paisaje urbano, teniendo en cuenta su integración con el entorno construido, del que forma parte como un conjunto homogéneo de gran valor. No solo hay que apreciar la individualidad de sus monumentos más representativos: catedrales, plazas mayores, palacios, conventos o mercados, por citar algunos, sino todo un casco histórico como el gaditano, protegido por cierto por la Normas Urbanísticas de obligado cumplimiento por parte de todos: particulares y Administraciones Públicas.

Arquitectónicamente Cádiz no es una ciudad que tenga grandes edificios exentos de carácter monumental, estos se pueden contar con los dedos de una mano: la gran arquitectura de la Catedral Nueva, la Cárcel Real, el antiguo palacio de la Aduana y el edificio de Ingenieros actual rectorado de la Universidad. Aunque no tenemos grandes palacios, si puede presumir la ciudad de tener un caserío intramuros verdaderamente impresionante por su uniformidad arquitectónica, admirado y alabado por los urbanistas. Aunque algunos edificios fueron realizados al amparo de los ’neos’, como el Gran Teatro Falla o el Palacio de Correos, y que no forman parte de la arquitectura dieciochesca o neoclásica, aunque hoy, a fuerza de verlos desde nuestra niñez, se han convertido en un elemento más de nuestro paisaje urbano.

Por este motivo es triste ver como una identidad de la que la ciudad puede sentirse orgullosa se esté perdiendo, con edificios que nada tienen que ver con nuestra arquitectura, que además son simples contenedores sin concesión a la estética. Lo cierto es que muchos de estos desaguisados arquitectónicos son promovidos por organismos públicos, aunque las licencias de obras las tiene que conceder siempre el Ayuntamiento, previo el dictamen de la Comisión Municipal de Patrimonio y la Comisión Provincial de Patrimonio que son los que en último término tienen que dar su aprobación a los proyectos presentados. 

Desgraciadamente la Segunda República se llevó por delante muchos edificios devastados por incendios y allí aparecieron los polvos que nos están llevando a estos lodos como se puede comprobar en los edificios que conforman la plaza del Palillero con el antiguo Cine Municipal a la cabeza, o la desafortunada actuación en la ronda de la ciudad con edificios levantados en las primeras décadas de la segunda mitad del siglo pasado, son edificios que atormentan la vista, como los edificados en la antigua fábrica de cerveza del Campo del Sur, las casas de militares ‘Hollywood’ en el Campo de las Balas, o el desaparecido palacio de Angulo hoy sustituido por la Casa de los Palos en Canalejas. 

Eran otros tiempos y aunque no se cumplía con rigurosidad la ley republicana de Patrimonio Histórico-Artístico de 1933, estuvo en vigor durante todo el franquismo y hasta que se promulgó la Ley de Patrimonio Histórico de 1985, las competencias sobre esta ley se traspasaron a las comunidades autónomas, en Andalucía, concretamente, con la Ley 14/2007 de 26 de noviembre, que es la misma que la española aunque incrementando algún elemento a proteger, pero se continua incumpliendo sistemáticamente la protección de nuestro patrimonio.

Como muestra de edificios de nueva construcción en las que han intervenido organismos públicos y no se ha respetado en lo más mínimo la idiosincrasia arquitectónica de la ciudad se encuentran el edificio en el antiguo cine Caleta, reconvertido en Residencia para estudiantes, y el edificio en el antiguo Círculo Mercantil en la calle Ancha donde se construyó la horripilante fachada de Galerías Preciados y posterior sede de la UCA, o la reciente remodelación de la fachada de la Facultad de Medicina, que bien podría haberse aprovechado para adaptarla a la configuración del antiguo edificio, pero en el que se ha utilizado la antiestética y oxidable chapa perforada.

La estética brilla por su ausencia en el edificio del Teatro del Títere, de nuevo con la fea fachada de chapa metálica, y también  en el de viviendas donde estaba el antiguo Teatro Andalucía. En el barrio de la Viña, calle Lubet nº 8, destaca el que algunos de los vecinos conocen como “Edificio cocina”, por unos huecos de luz adelantados a la fachada y que se cierran con unas puertas de madera dando la impresión, en su conjunto, de ser muebles de cocina.

No podemos olvidarnos de la nefasta rehabilitación de la ‘Casa del Plátano’ en la Plaza Fray Felix nº 3, en el que la Junta de Andalucía aseguró de que se conservaría el patio porticado, pero del que solo quedan unos trozos de columnas que adornan una pared de sus zonas comunes,  si miramos la fachada peor no se pudo hacer, con unos tapaluces que parecen tapas de cajas de madera. 

Otra de las mayores barbaridades construidas en los últimos tiempos son los edificios de viviendas en la calle Chano Lobato en el barrio de Santa María donde se decía que se encontraba el foro romano, y donde se ha aplicado el llamado “estilo carcelario” con el uso de chapas de hierro perforadas que tanto gustan de oxidarse en nuestro clima.

Uno de los últimos ‘atentados arquitectónicos’ cometidos en nuestra ciudad ha sido en la calle Calderón de la Barca, donde algunos de los huecos exteriores han sido enmarcados en negro al mas puro estilo de esquela mortuoria.

Viendo estas actuaciones que autorizan las Administraciones responsables, la ciudad perderá su arquitectura característica en un par de décadas, esto no se puede permitir por ningún motivo, la uniformidad arquitectónica distingue a Cádiz de otras ciudades, si la perdemos perderemos nuestro sello de identidad, y perderemos la oportunidad de que el casco antiguo sea declarado Patrimonio de la Humanidad.

¿Tan complicado es obligar a que en las fachadas se utilicen cornisas y balcones? ¿Se imaginan la fachada del Teatro del Títere con cornisas y balcones, aunque estos sean ciegos, en los que se pusieran pinturas o vinilos de los títeres de la Tía Norica a modo de trampantojos? Con ganas y un poquito de idea se podría volver a recuperar fachadas que en la actualidad desentonan con el modelo arquitectónico de Cádiz.

Que conste que no estamos en contra del trabajo de los arquitectos, en cuanto a innovaciones conceptuales quieran introducir en sus proyectos de rehabilitación y sabemos de su criterio de que este tipo de construcciones son ‘variaciones de los edificios tradicionales’. Por otro lado es incuestionable  que las viviendas sociales deben de poseer el confort, ventilación y accesibilidad necesarios para sus moradores, aunque las fachadas (sobre todo), los patios y lugares comunes deberían mantener el sabor clásico de su entorno urbano. Cabria preguntarse ¿cómo sería el Cadiz de intramuros dentro de 100 años si la mayoría de sus edificios actuales fuesen sustituidos por otros merecedores de “Premios en las Bienales”? simplemente “irreconocible”.

Acerca de cadizilustrada

Defensa y difusión del patrimonio cultural gaditano

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