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Cádiz Ilustrada opina: Expolio en la Castrense

La Asociación Cádiz Ilustrada tiene entre sus principales fines el velar por la conservación del patrimonio de la ciudad y la difusión de su historia, bien a través de la denuncia de los atropellos que se cometan contra el patrimonio o mediante conferencias sobre su historia y visitas guiadas a lugares emblemáticos o significativos.

Desgraciadamente para la conservación del patrimonio gaditano, es de todos conocido que rara es la obra que se acomete en la ciudad en la que no se lleven a cabo atentados contra el mismo. Sería largo enumerar los ejemplos de ello. Cádiz Ilustrada quiere por medio de este artículo dar a conocer y denunciar el último atentado conocido contra el patrimonio gaditano.

Como bien saben los lectores, la Real Parroquia Castrense se encuentra cerrada al culto por obras desde el mes de Junio de 2016. El templo no es de gran valor, arquitectónicamente hablando, pues es producto de una evolución constructiva que se inició en el año 1653, teniendo en la actualidad la disposición que se le dio tras las obras de reforma que finalizaron en 1864 y el aspecto del interior resultante de las que tuvieron lugar entre 1968 y 1969 en las que perdió gran parte de su patrimonio. Pero en cambio, si el continente no es una joya, sí lo es el contenido. A pesar del expolio sufrido en 1969, es aún muy interesante y de gran valor en cuanto a imágenes, pinturas y orfebrería. (Ver libro Retazos históricos de la Real Parroquia Castrense).

Adjudicada la obra a una empresa, en pocos meses la abandonó dejando paralizada la restauración. Fue una etapa que podemos definir como oscura y en la que tanto la empresa como otros organismos responsables actuaron con cierto secretismo marginando a personas y a otros organismos que debían ser competentes o por lo menos recibir algún tipo de información sobre lo concerniente a ella e incluso dar su opinión o parecer. Por ese motivo, en esa época fue creada legalmente la Asociación Pro-Rehabilitación de la Real Parroquia Castrense, de carácter civil e independiente, que tiene entre sus fines obtener información y colaborar en lo posible en las tareas de restauración. Tras mucho tiempo de espera y tras una nueva licitación, la obra se adjudicó a otra empresa que a partir del mes de julio pasado la reanudó.

Tanto la nueva empresa, como la dirección técnica competente, han cambiado totalmente de actitud, siendo muy receptivos a recibir opiniones y dejarse aconsejar sobre pequeñas modificaciones que no alteran el proyecto y que redundarán en un mejor uso y operatividad de la labor pastoral. Esa transparencia ha permitido conocer la desaparición de las piedras de tarifa que constituían el enlosado del atrio de entrada a la iglesia y un aguamanil de mármol del siglo XVIII que se encontraba empotrado en la pared de la sacristía, desconociéndose si se ha cometido cualquier otro atentado contra el patrimonio de la iglesia.

Dejando por sentado la seriedad de la nueva empresa y sus trabajadores en cuanto a que respetará todos los elementos del templo y no enajenará ninguno, sí preocupa que se respeten cosas como la verja de entrada al atrio exterior, absolutamente necesaria por el entorno, y todo el forjado del siglo XVIII de los balcones que dan a la calle Benito Pérez Galdós que pervivieron tras la desgraciada reforma del año 1969.

Esperemos que no haya ningún otro problema que pare las obras y que en enero de 2021 todos los gaditanos podamos admirar el valioso patrimonio de la Castrense, que aunque propiedad del Ejército lo es también de pleno derecho de los gaditanos.

Aguamanil de la Castrense

Aguamanil de la Castrense

Diario de Cádiz, 1 de febrero del 2020